El pasado Domingo fallecía a la edad de 91 años el dictador (algunos dicen ex –dictador pero sinceramente creo que la palabra es tan sumamente fuerte como para encima conceder el beneplácito de retirarla de un nombre) Augusto Pinochet.
Este ser demostró desde bien joven un fuerte deseo por la disciplina militar hasta el punto que fue desestimado su ingreso a una escuela militar debido a su corta edad, pero por desgracia para el futuro chileno a los 17 años ingresó.
Como militar fue bastante leal a sus superiores llegando a entablar una relación personal con el Comandante en Jefe del ejército Carlos Prats quien tras no ser reafirmado por sus generales decidió proponer al Presidente Salvador Allende que nombrar a Pinochet como su sucesor en el cargo. Allende accedió.
Una vez en el cargo no demostró opinión contraria al gobierno legítimo de Allende hasta que un general le informó que cinco días después se llevaría a cabo un golpe de estado contra el gobierno de izquierdas de Allende. Pinochet lo apoyó.

Durante 17 años Augusto Pinochet ejerció de Presidente de Chile, llevando a cabo una política de represión contra todo opositor. Más de 3000 personas fueron asesinadas o están desaparecidas.
Posteriormente el juez Garzón decidió solicitar su extradición a España para juzgarlo contra los crímenes cometidos durante su dictadura contra ciudadanos españoles. Esto dio lugar a que en el propio Chile se iniciara un proceso primero para retirarle su inmunidad judicial y después para llevar a cabo un juicio contra él y su familiares no sólo por los crímenes que cometió sino también por la evasión fiscal.
Y ahora Pinochet ha llegado al final del proceso. Ya se encuentra con los suyos, en una sala de los horrores donde le acompañarán seres como Adolf Hitler, Stalin o Francisco Franco. Una sala a la que algunos dicen se unirá pronto Fidel Castro.
Algunos esperarían de este artículo una dura crítica contra Augusto Pinochet, pero precisamente por eso y porque ya se habrá dicho casi todo en otros medios sobre él prefiero centrarme en otro aspecto.
Esa sala de los horrores que está llena de personajes que hoy día nos parecen del pasado seguirá completándose durante los próximos años con nuevos personajes. Personajes como Hitler que hoy son sinónimo de horror en su momento fueron aplaudidos por algunos gobiernos. Tal vez dentro de algunas décadas tengamos que explicarles a nuestros hijos por qué en su momento nuestros gobiernos aplaudieron a gobiernos como los de China o Rusia sólo porque en un momento pasado estos gobiernos eran sinónimos de riqueza y fuentes energéticas. Quizá nuestros hijos ante esta respuesta seguirán sin entender cómo se pudo permitir una violación de los derechos humanos tan sangrante por el simple hecho del propio beneficio.
Tampoco entenderán cómo durante años millones de personas murieron en África sin que desde el mundo desarrollado económicamente hiciéramos nada.
Yo tampoco lo entiendo. Y es por ello por lo que no he querido invertir más de tres líneas en criticar a Pinochet. Considero que desde este blog puedo hacer cosas más importantes como dar a conocer a la vez que yo mismo las voy conociendo esas otras dictaduras del siglo XXI que son esas grandes desconocidas.
roja — 13-12-2006 11:43:35
Selma — 19-12-2006 13:06:52
victor — 05-07-2008 13:07:35